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Tu compromiso con el Camino de Amor-Verdad te conduce a tu Juicio Final. Es el momento en el que se encienden tus Códigos de Merecimiento internos y se produce la alquimia que disuelve tu mentalidad pecadora y activa tu Conciencia Milagrosa. Dejás de sentir culpa y de castigarte por tus supuestos errores. Dejás de percibir carencia y reconocés la perfección divina.
 
Tener buenas intenciones para tu vida no es lo mismo que comprometerte con tu autorrealización. Al estar dispuesto a transformarte completamente e iluminar cada aspecto de tu sistema de creencias limitante, dejás de ser su rehén. El vaciamiento es absoluto porque tenés que encender una nueva matriz, que no contiene códigos degenerados sino Códigos de Luz.
 
Si imaginaras que sos llamado a juicio, seguramente creerías que quienes te convocan quieren sentenciarte. Es muy probable que te condenes antes de escuchar tu caso. Sin embargo, tu juicio final te ofrece completar conscientemente una etapa evolutiva y te concede tu Embodiment Divino.
 
En todo juicio hay un interrogatorio y quienes testifican a favor o en contra de tu inocencia. Todo es un despliegue de tus creencias principales. Son pensamientos personificados. El juzgado, el lugar en el cual se lleva a cabo el juicio, es tu mente.
¿Quién es tu verdugo? ¿Quién te intimida? ¿Cuál creés que es tu delito? ¿Cuál es el motivo por el cual no merecés tu liberación?
 
¿Creés que tu interrogador te va a condenar o a liberar? Es sólo cuestión de tu autopercepción. ¿Te creés culpable? ¿Estás apegado a una identidad pecaminosa?
 
Podés visualizar el recinto en el cual se lleva a cabo tu juicio final como una cámara de espejos infinitos. En cada uno de ellos podés ver un aspecto de tu mente. Muchas personas, al mirarse al espejo, quieren escaparse porque no quieren asumir sus limitaciones. Sus reflejos de desamor son tan contundentes que tienden a negarlos. Al no tomar responsabilidad por su debilidad interna, crean un falso sentido de liberación. Confunden evasión, alivio temporario, con resolución. Sin embargo, no podés trascender lo que no amás y asumís.
 
Tu juicio final le pone fin a tu distorsión. Es una oportunidad para liberarte de tu karma (la negación de tus virtudes esenciales) y para reconocer que completaste tu ciclo de experiencias humanas y que estás listo para iniciar tu Camino Divino. Esta posibilidad está disponible en cada instante, no en un día particular, porque en todo momento podés darte cuenta de que tu condena interna solamente responde a una identidad falsa. Son tus pensamientos hostigadores los que te quitan paz y libertad. Podés salir de tu mente y fundirte con el amor de tu corazón para ser libre. Si te dieras cuenta de que sos tu propio interrogador, podrías dictaminar que sos inocente y liberarte de tu calvario interno.
 
Tu Juicio Final te invita a integrar todo y a rechazar nada. No se trata de alejarte de partes sombrías porque las juzgás peligrosas sino de completarte, es decir de reunir todos tus aspectos para unificarlos con el poder del amor. Ganás el juicio cuando podés amarte completamente; perdés el juicio cuando encontrás algo para juzgar. El amor divino libera, no condena.
 
Tu autorrealización no implica tener éxito social, alcanzar una meta o lograr una determinada experiencia, sino reconocer que no sos un pecador. Sos un digno hijo de Dios; un Ser Divino que contiene todos los Códigos Sagrados que le permiten realizar el Paraíso en la Tierra para erradicar el sufrimiento humano y vivir en un estado de dicha eterna.
 
Si hoy fuera el día de tu juicio final, ¿qué resolverías?