Te invito a reflexionar acerca de la Fuente de tus Deseos. ¿Qué buscás a través de ellos? ¿Cuál es su propósito?

¿Cuánto de lo que deseás es trascendente? ¿Qué deseás realmente? ¿Tomar algo de tu entorno o darle algo a tu entorno? Si tus deseos provienen del ego y de tu necesidad de autogratificación, la felicidad que te produce realizarlos es efímera; se desvanece antes de que tu mente fabrique un nuevo objeto de necesidad. Si tus anhelos provienen de tu Ser, de tu abundancia interna, siempre te inspiran a Servir.

El combustible de la mente es la necesidad. La búsqueda es su alimento. Tiene que ver imperfección para mantenerse ocupada y retroalimentar su programa básico: la carencia. Tus pensamientos te muestran lo que creés que te falta para mantenerte en la búsqueda constante de eso que aún tenés que obtener o lograr. ¿Qué sucedería si la mente dejara de buscar algo externo para encontrar satisfacción? ¿Qué sucedería si concentraras tu energía vital en vez de tener que consumir algo para sentir plenitud? ¿Qué sucedería si soltaras todos tus deseos y expectativas?

Si dejaras de buscar y de necesitar algo externo y miraras hacia adentro, ¿qué encontrarías? Tus ganas de DAR. Eso es lo que evitan tus programaciones mentales. Te entretienen para tomar energía de los demás. Te alejan de tu esencia abundante. Te adormecen reafirmando una personalidad débil y carente, que supuestamente no tiene nada valioso para contribuir y se hunde en su propia resignación.

Si le entregaras todos tus deseos a la Fuente Divina te darías cuenta de que tu corazón siempre encuentra abundancia, pero tu mente siempre busca carencia. Por la Ley de Correspondencia, ambos reciben lo que quieren encontrar. El principal apego del Ser Humano es a sus aparentes limitaciones. Se define a partir de ellas y se encariña con sus defectos.

Los deseos que provienen de la necesidad magnifican tu desvalorización. Alimentan la lástima. Los anhelos que provienen de la abundancia, te expanden porque te recuerdan tus máximas posibilidades. Sólo al dar recordás tu esencia. La falta es una ilusión que rige tu vida y te hace sentir insuficiente. Te mantiene a la espera. Sólo espera quien necesita. Si estás completo en vos mismo, nunca estás a la espera de algo externo, sino disfrutando de tu paraíso interno. La necesidad te vuelve víctima de tus circunstancias y de quienes te rodean. Ves tu realización en algo externo en vez de asumir que tu vida más abundante depende de tu elección interna.

Saber que sos Fuente de tu realidad significa tomar responsabilidad por el uso de tu libre albedrío. Implica dejar de reaccionar ante una realidad que vos mismo elegís experimentar, consciente o inconscientemente y dejar de proyectar tus frustraciones porque no hay culpables externos. Todo nace de tus prioridades y de lo que creés merecer. Nadie está eligiendo por vos. En este nivel de entendimiento, podés empezar a neutralizar a tu víctima interna. Esta es la responsabilidad humana.

Un entendimiento más elevado del concepto de Fuente es reconocer que Dios es responsable de toda experiencia porque Todo lo que existe proviene de la Fuente Divina. Entregarle todo a la Divinidad no implica evadir responsabilidad sino reconocer el origen de Todo. En última instancia, tenés que darle tu libre albedrío a Dios. En esa entrega radica tu liberación. Dejás de opinar infructuosamente, dejás de castigarte, dejás de evaluar tu realidad a partir de una mirada subjetiva y te abrís a contemplar la vida tal cual es. Esta es la responsabilidad divina.

Cuando le entregás todas tus limitaciones a la Divinidad, se disuelven en presencia de la Luz. El Amor-Verdad desintegra la ilusión creada por el miedo. Dejás de necesitar algo en particular porque cuando ponés tu vida en manos de la luz, todo se reordena y fluye la abundancia. Dejar de juzgar la Voluntad Divina es confiar absolutamente en el Poder Superior. El mayor acto de rendición y, por lo tanto, de amor hacia vos mismo es desear no desear. De ese modo, dejás de ser vícitma, dejás de percibirte carente, dejás de estar a la espera y podés reconocer tu esencia ilimitada. Podés darte cuenta de que todo lo que la mente fabrica para hacerte sentir limitado o culpable es falso. Dejar de desear es empezar a ser libre de las demandas del ego, que requiere tu atención constante. El no deseo es el camino hacia la Paz Interior.