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Hablar es un acto mental y todo intercambio racional reconfirma la separación con la Fuente Divina. La mente alberga conceptos y forma un sistema de creencias. Reemplaza sabiduría por opiniones. Te mantiene siempre atrapado en una misma realidad, cercada por tus propias limitaciones y falta de visión.

Transmitir es una ofrenda del corazón. Implica abrirte a comunicar lo que es común a todos: La Verdad Universal. Solo una transmisión divina puede traer paz y sanar a la Humanidad porque su vibración borra las distorsiones y restaura la Unidad.

Estamos en un momento decisivo para la Humanidad y el Planeta. Podemos tender un puente evolutivo del servicio a uno mismo al servicio humanitario. Sólo podés cruzar este Puente a la Era Dorada si elegís sintonizarte con la Conciencia Divina, es decir soltar tu voluntad personal, tu ideología, y dejarte guiar por el Amor-Verdad. El Embodiment Divino borra toda separación y distancia porque implica que aceptás la palabra divina y, por lo tanto, estás en presencia de una transmisión continua de sabiduría. De lo contrario, estás fuera del cuerpo (para no sentir), fuera del corazón (para no tomar responsabilidad) y fuera del momento presente (para evadir tu destino). Cuando integrás tus aspectos superiores no hay miedo o duda porque nada interfiere tu conexión. Recordás quién sos y el poder que llevás dentro. Justamente la distancia con lo Divino es lo que crea dolor y sufrimiento porque tu mente te hace creer que hay un vacío, algo incompleto, algo fragmentado. La Unidad sana tu inseguridad porque quien conoce la Divinidad no puede sentir amenaza, ausencia o soledad. No vive de conceptos o teorías.

Estamos co-creando una ventana de oportunidades a través de la cual podés volver a elegir para acelerar tu evolución. No importan tus decisiones pasadas sino tu convicción presente. Podés rendir tus resistencias, dejar de negar lo que amás, dejar de defender tus limitaciones y encontrarle valor a tu autorrealización. Amar tu destino más elevado es aceptar tu potencial divino y, en ese reconocimiento, radica tu liberación.

¿A qué sustitutos del amor-verdad te estás aferrando? ¿Qué ocupa su lugar? ¿Qué se hace pasar por ellos y te ofrece solamente un placebo, que pronto perderá efecto y te dejará a solas con la Verdad? ¿Qué miedos y creencias confunden tu mente y contaminan tu corazón?

Para cruzar el Puente a la Era Iluminada tenés que purificarte. No se puede recibir la Frecuencia Divina en un medio tóxico. Para recibir esta bendición natural, tu hogar interno tiene que estar limpio y receptivo; libre de odio, resentimiento, proyecciones, dudas y reclamos. Tenés que estar dispuesto a captar una constante transmisión divina. De este modo estabilizás la vibración que permite que tu realidad interna y externa se eleven para no caer en las debilidades del ego. No tenés que bajar al mundo y adecuar tu mensaje para que te entiendan o te aprueben; el mundo tiene que elevarse para recuperar su visión sagrada. En lo bajo hay perdición; en las alturas, liberación.