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Durante esta transmisión escrita te invito a conectarte con la Paz. Estamos atravesando un momento individual y colectivo propicio para enfocarnos en lo que es trascendente y en las frecuencias que impulsan nuestra evolución planetaria.

¿Cómo podemos resolver nuestros desafíos? Sabiendo que no necesitamos tanto como pensamos. Los problemas se originan cuando hay desequilibrio, cuando deseamos más de lo que realmente necesitamos para vivir una vida plena. Cuando encontrás armonía, no sentís falta, ni financiera ni emocional. La resolución pacífica a todo aparente conflicto implica desapego, pero la mayoría de las personas se aferra al miedo y a la necesidad. Consume y depende de un sistema que nunca le trae satisfacción.

Recordá que creás tu propia percepción ilusoria de carencia. No te falta nada, pero tu sistema de creencias te convence de lo contrario y eso te trae sufrimiento. En esta transición a la Era Iluminada, todo lo que está en desarmonía con las leyes divinas tiende a desintegrarse. No hay que hacer nada para que esto suceda porque es un proceso natural. Solo tenés que estar enfocado en la Verdad, en lo permanente, y dejar que el resto se disuelva orgánicamente.

Este modo natural de vivir no es austero sino simple. Puede parecer limitado para quienes están apegados a pertenencias materiales porque las consideran su fuente de valor o seguridad personal. Sin embargo, la simpleza está alineada con las leyes universales y, por lo tanto, te conduce a la Paz. Una vida de constante simplificación recorta las complejidades del ego y despliega una vida armónica.

En momentos de cambio, parece más fácil resistir o no involucrarte y mirar la vida como un observador indiferente, esperando que otros resuelvan los desafíos globales. La pasividad va en contra de tu naturaleza. Cuando estás en paz con la existencia, lo cual incluye aceptar tu rol en ella, te volvés responsable. Esto quiere decir que podés responder al llamado de tu corazón y a lo que tu guía interior te inspira a realizar. Tu sabiduría siempre te impulsa a contribuir. La Paz muchas veces es incómoda porque puede conducirte a hacer o a decir algo que desafía las creencias colectivas. Es por eso que alguien pacífico es inherentemente libre. No hay paz en el apego, en la búsqueda de aprobación social o en el excesivo conformismo a las expectativas colectivas.

La inacción parece segura porque te evita supuestas equivocaciones. Sin embargo, no viniste a eludir experiencias sino a vivirlas … todas. Viniste a amplificar la luz del planeta, no a esconderte en la sombra de lo que podrías Ser. Tenés una vida para hacer algo con ella; para generar impacto, para dejar huellas, para ofrecer inspiración, para compartir soluciones innovadoras, para motivar al cambio. Para recordar que hay leyes universales que nos guían, nos orientan y nos mantienen en un curso evolutivo en el que no existen equivocaciones, penalidades o castigos.

Solo se enfrenta a un juicio quien se desvía de la Verdad porque se somete a la crítica de su propio ego. Quien tiene un corazón puro e intenciones nobles, solo ve oportunidades para Servir y elevar la conciencia de la Humanidad. Solo ve abundancia y semillas de conciencia que se siembran y germinan a su tiempo. No se rige por expectativas, no se mueve por interés o solamente cuando ve resultados concretos. Está guiado por la Fe en la Divinidad y eso borra toda preocupación. Toda confirmación es interna, en intimidad con Dios. Nada externo tiene el poder de evaluar tu vida o tus acciones.

Alguien pacífico abandona la superficie y vive en las profundidades. No quiere evitar responsabilidad; no intenta resolver desafíos en el plano de los síntomas, sino que busca sus raíces. Las transforma y las fortalece para que, eventualmente, de frutos sanos.

Hay una gran diferencia entre ser indiferente, pacífico y pacifista.

*Alguien indiferente es alguien resignado. Sobrevive y espera algo de los demás. Cree que hacer nada aporta algo valioso a los demás. Sin embargo, la indiferencia es parte del problema y no de la solución. La apatía encubre tu apego al sistema de creencias colectivo.

*Alguien pacífico está conectado con la sabiduría divina, vive de acuerdo con sus valores esenciales, es consciente del impacto de sus pensamientos, sentimientos, intenciones y acciones y elige las que son amorosas y transmiten frecuencias armónicas. En general, vive esta verdad para sí mismo y su entorno más inmediato.

*Un pacifista es alguien que encarna las acciones de la Paz. Es alguien que exterioriza esta conciencia y la promueve desinteresadamente. Es alguien que trascendió sus necesidades personales y puede cumplir su misión colectiva. Es alguien que está al Servicio de la Humanidad.

Cada uno tiene que encontrar su rol dentro del Plan Mayor. Cada Ser tiene un propósito y, a medida que recordás tu esencia, comprendés tu compromiso universal.

Un pacifista genera transformación. Disuelve el karma (el uso incorrecto de la energía vital) para devolver todo a su armonía natural. Contempla toda situación de vida como una oportunidad de crecimiento y una oportunidad para Servir. No existen las dificultades, sino experiencias que te muestran un camino de vuelta a la sabiduría. Cuando dejás de resistirla, te volvés pacífico. Cuando peleás en contra de la Verdad, te volvés un activista y generás violencia.

Para recordar tu esencia pacifista, tenés que madurar espiritualmente. De lo contrario, vas a defender tus opiniones subjetivas y evitar alinearte con el Plan Universal. Cuando dejás de desafiar las leyes superiores, dejás de alimentar conflicto y separación con la divinidad. Dejás de alimentar la dualidad y elegís la Unidad. La manera más rápida de hacerlo es la entrega a una vida de Servicio, es decir, a usar todos tus recursos (tiempo, dinero, energía) para apoyar tu realización espiritual y la de aquellos que te rodean. Madurar implica dejar la vida creada por tu personalidad egóica, por tu voluntad inferior, para encontrar liberación.

Un pacifista es receptivo, se dispone a recibir la verdad espiritual y, luego, a encarnarla para que no sea un simple concepto teórico sino un modo de vida. Experimenta una transformación profunda que lo lleva de estar orientado a sí mismo y a su propia gratificación a dedicarse al Servicio Colectivo.

Un pacifista sabe que tiene que prepararse para responder a este llamado. No cree en el esfuerzo espiritual sino en el desarrollo espiritual. Sabe que no puede forzar su autorrealización sino dedicarse a ella. Es una entrega de amor. Dar tu vida al Todo implica una profunda rendición y confianza en la Divinidad.

Te invito hoy a recordar tu rol, a reflexionar acerca de tu propósito en esta transición colectiva y a despertar los dones que están esperando tu reconocimiento para activarse. Lo que hacés con tu vida es tu decisión. La Divinidad te otorgó el regalo más valioso que podía ofrecerte: tu libre albedrío – la libertad para elegir. Podés honrarlo si lo usás para fines elevados. Es valioso dedicar tiempo introspectivo a encontrar tu propósito y realizarlo para que, de ese modo, encuentres Paz Interior. La Paz es la fusión de tu voluntad con la voluntad divina.

Paz es Unidad.