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Aquello con lo que te conectás se convierte en tu foco diario y, por lo tanto, en tus prioridades. Tus sentidos están constantemente captando estímulos del entorno y, sutilmente, se están sintonizando con esas vibraciones. Todo aquello a lo que estás expuesto moldea tu personalidad, refuerza ciertas actitudes, preferencias y decisiones de vida. Es importante que puedas conectarte con tu corazón y elevar tu mirada para recordar que más allá de la vida humana con la que estás identificado hay una experiencia divina que puede despertarse en tu interior.

Para desplegar este potencial, escuchá tu interior y dejá que esa presencia interna te guíe y te muestre cómo seguir activando más aspectos de tu esencia original. Tu realidad es vibracional y, por lo tanto, si permitís que las frecuencias de tu corazón reordenen tu vida, todo va a empezar a iluminarse. No se trata de despreciar tu vida actual o de exigirte para lograr un resultado determinado, sino de volver a sentir paz y armonía para que tu realidad pueda transformarse con el poder de tu conciencia. Cada día podés elegir incorporar algo que te recuerde tu pureza; puede ser un objeto decorativo, un nuevo lugar para habitar, más contacto con la naturaleza, nuevas relaciones, prácticas de meditación, cantos sagrados, una vela encendida que simbolice tu elevación espiritual. Tu intención sincera magnetiza/realiza nuevas realidades.

Podés usar tu realidad físico-material para apoyar tu evolución y que todo se vuelva UNO (que tanto el adentro como el afuera reflejen una misma expresión sagrada). Tu Ser Divino necesita ser estimulado, necesita tiempo para emerger y tiempo para remover todas las capas de ego (programaciones inconscientes) que te separan de tu naturaleza. Podés, en este instante, conectarte con tu visión más elevada, aquella que te inspira a tomar decisiones evolutivas y que te renuevan. Tu visión es tu brújula; no solo te orienta (despeja distracciones), sino que te sostiene, te motiva, te da vitalidad para trascender tus limitaciones y no abandonar tu camino de autorrealización.  Solo el ego (el miedo y la carencia) desiste de conocer la grandeza espiritual. Recordá el valor de tu visión más elevada: nunca vas a llegar más alto que tus intenciones.

Cada uno de tus pensamientos crea una emoción. Cada emoción genera un hábito. Cada hábito moldea tus comportamientos y tus comportamientos diarios despliegan tu destino. Tu autopercepción (lo que pensás acerca de vos mismo y de tus máximas posibilidades) define tus experiencias. Es vital que te embarques en un camino de autoconocimiento profundo para recordar tus dones y lo que esta vida terrenal te ofrece explorar. Avanzar a ciegas (negar la sabiduría universal) crea sufrimiento porque implica rechazar la Voluntad Superior (tu potencial espiritual). Cuando te alejás de la Verdad, todo se vuelve relativo, irrelevante, efímero y perdés conexión con tu seguridad y propósito. Te basás en creencias subjetivas que nunca te conducen a la plenitud.

Contás con todo lo que necesitás para prosperar, pero tenés que estar dispuesto a despertarlo en tu interior y a dedicar tus recursos principales (tiempo, dinero, energía) a des-cubrir tu plan de vida. La primera señal de expansión espiritual es la aceptación: la comprensión de que tu sistema de creencias (conocimiento intelectual) te causa dolor, frustración y desilusión y que estás listo para acceder a la Sabiduría. Este es el momento en el cual tu voluntad inferior (soberbia) da paso a la Voluntad Superior (humildad y grandeza). Hay un equilibrio entre Dar (enseñar/Servir) y Recibir (rendirte a lo que otros pueden aportarle a tu camino de evolución). Un Gran Maestro es también un Gran Discípulo; expresa el flujo natural de abundancia y comprende la riqueza de ese flujo vital de eterno intercambio. Está abierto a la inmensidad. Se entrega a la perfección de la existencia y se unifica con el campo de infinitas posibilidades de realización. ES El Camino.