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A veces tenemos la ilusión de ser ''más puros'' porque leemos, escuchamos o hablamos de espiritualidad o de la evolución del Ser humano y creemos que tener conocimientos espirituales y estar de acuerdo con ellos nos vuelve íntegros. Sin embargo, cuando observamos situaciones de nuestra vida cotidiana verificamos que hay incoherencias y las minimizamos o las justificamos, naturalizándolas como parte de la vida humana. Si bien somos humanos tenemos libre albedrío, ¡podemos elegir! ¡Subestimamos y menospreciamos este regalo! Al negar esos “detalles” se perpetúan. 

Es imprescindible trascender los patrones que venimos repitiendo hace siglos y, en este momento especialmente, dejar las excusas y mirar de frente actitudes tan arraigadas como la falta de integridad, la transigencia, la hipocresía, la complacencia y el desprecio, que nos han venido condicionando como humanidad. Estas perspectivas fueron y son hasta la actualidad el origen de nuestros conflictos. 

La brecha entre lo que declaramos y lo que hacemos es tan grande que sentimos la necesidad de fabricar distintas estrategias para justificar nuestras distorsiones; las naturalizarmos, las desestimamos, las negamos, miramos para otro lado y nos hacemos los distraídos. De tanto evadirlas, las perdemos de vista y van carcomiendo nuestras relaciones, nuestra vida laboral, social-familiar y nuestra auto percepción. Descubrir y contribuir a despertar formas de vida más conscientes, confiar en la capacidad de transformación propia y colectiva, en el poder interno con el que potencialmente contamos, realinearnos con nuestra versión más elevada … nos da la posibilidad de abrirnos a realidades más prósperas, en las que la Verdad y el Amor son nuestro único norte, el más deseado. La coherencia energética permite la Unificación.

Ser coherentes implica respetar los anhelos del Ser; negarlos es autodespreciarnos y darle valor a nuestra personalidad egóica. La Nueva Humanidad se despliega en el corazón de cada Ser, cuando tocamos nuestro punto esencial. Refleja el estado de conciencia de quienes dejan de aferrarse a las viejas programaciones, a la dualidad, a relaciones de codependencia, a la manipulación, a la necesidad de aprobación social, al juicio y a la falsedad.

Es momento de pasar del ‘’deber ser’’ y del ‘’parecer’’ al Ser, de re-unificar todas nuestras partes y de aceptar la Nueva Tierra que ya existe en nuestros corazones. Es sólo cuestión de reconocerla y de exteriorizarla.